Sobre las copas de vino (I)

Copas de vino

Copas de vino

Un bello epigrama de Marcial (s. I d.C.) dice: “Nosotros bebemos en vidrio; tú con una murrina, Póntico. ¿Por qué? No sea que la copa permita ver la distinta calidad del vino”. Hoy, la ya extensa literatura destinada al mundo del vino hace innumerables recomendaciones sobre la importancia crucial de las copas de vino. Incluso, a veces, parece que las prescripciones que se deben seguir llegan a ser tantas y tan diversas que cualquiera puede desistir de hacer mucho caso.

Sin embargo, hay que reconocer que hay algo de seductor en el arte del vidrio que va más allá del protocolo o la corrección. Y, si por un lado está la estética de las copas de vino, por el otro también hay un aspecto funcional que puede hacer de beber un buen vino, algo aún mejor. Hay una analogía recurrente, pero útil. Los Conciertos de Brandemburgo de Bach (en este vídeo interpretados también por el magnífico violinista Giuliano Carmignola y el director milanés Claudio Abbado, que nos dejó en 2014) son seis conciertos magníficos y escuchados en un transistor viejo, si bien no son desagradables, la verdad es que se pierden muchas cosas. La copa no hará de un vino mediocre, un gran vino, o lo contrario, pero potenciará unos rasgos u otros que influyen en las sensaciones visuales, olfativas y en el gusto.

Tampoco hay que olvidar los lugares comunes de las recomendaciones sobre copas. Especialmente, que no son recomendables los cristales verdes, naranjas, ni de ningún color, ni cortados, ni demasiado gruesos, etc. Una copa debe ser bien transparente para permitir observar los matices de color del vino y su brillo; su cuerpo o balón también debe permitir una oxigenación mínima y la copa debe tener un tallo o pie lo suficientemente alto como para evitar el contacto de la mano con el cuerpo cuando lo cogemos.

El volumen, la forma, el diámetro de la boca y el grosor del vidrio de las copas de vino potenciarán o disminuirán unas u otras sensaciones. La diversidad de copas de vino que existe en el mercado, cuando están bien pensadas y diseñadas, se ajustan a las características de cada uno de los tipos de vino. Para diseñar una copa adecuada a un tipo de vino se piensa en potenciar sus notas más positivas y más diversas atendiendo a la crianza, la acidez, el alcohol, los rasgos varietales, minerales, etc. Una copa adecuada nos permitirá disfrutar más y mejor de un buen vino. En este sentido, está pensada la copa burdeos, para integrar taninos con las notas afrutadas de la cabernet. La copa de vino Ródano permite fundir el alcohol con los registros más dulces de los vino de syrah, garnacha o monastrell y tiene una chimenea más alta para que los aromas especiados tampoco se vean interferidos. Asimismo, la chardonnay está pensada para potenciar las notas ácidas, una sensación más fresca para acompañar las notas minerales y cremosas. Mientras que la copa borgoña contribuirá a que la Pinot Noir despliegue la frágil y diversa complejidad aromática que la caracteriza … (Continuará)